La realidad antes que el sueño

Llegar a casa, "enchufarse" a leer las noticias y ver que los titulares siguen tratando de lo mismo: Alonso y las 500 Millas de Indianapolis. Y sí, ya ha pasado más de una semana desde que Alonso, McLaren y Honda desvelaran la sorpresa. Pero el eco sigue vigente. Los pilotos, dueños de los equipos de la Indy, la prensa en general...todos tienen algo que decir acerca de una aventura única por dos factores: por la calidad del piloto involucrado y por lo arriesgado de cambiar de disciplina por una única carrera en medio de una temporada. Un riesgo que no hace más que crecer al mismo tiempo que el "hype" que se ha ido creando con esta apasionante historia. Así que la pregunta es evidente ¿estará Alonso preparado para luchar por la vitoria?...o quizás una mejor todavía ¿no estaremos inflando el globo demasiado pronto, generando unas expectativas irreales acerca de lo que puede suceder?

Lo primero que hay que decir en este caso es que a pesar de tratarse de monoplazas, el concepto de ambos no podría ser más diferente. Agarre mecánico, frenos de acero, un buen par de manos y mucha testosterona por parte de la Indy, frente a la aerodinámica, la tecnología punta, mucha lucha estratégica y ese toque de glamour de la F1. Hacer el cambio en medio de la temporada y por una única carrera es muy arriesgado, porque por mucho talento que atesore el asturiano, que lo tiene a raudales, lo cierto es que todo deporte requiere de una curva de aprendizaje, de un knowhow que no se puede obviar porque cuando se hace, los errores se pagan caros. Indianapolis y sus peraltes, sus muros, sus más de 30 coches separados por centímetros en cada vuelta, sin apenas espacio entre unos y otros, no son algo que se deba tomar a la ligera. Y las expectativas son tan grandes, se vende tan fácil la victoria, que por un momento parece creer que la ignorancia es la mejor manera para enfrentarse a un hecho incuestionable: no va a ser una tarea nada fácil.

Podría parecer, por un momento, que el "hype" es el que se genera en estas tierras tan dadas a exagerar y encumbrar fácilmente a lo más alto a sus referentes...para luego derribarlos y olvidarse de ellos para siempre, conscientes de que eso los rebaja a meros seres humanos, que sangran igual que todos. Pero en esta ocasión no, en esta ocasión todo viene del revuelo que hay al otro lado del Atlántico, porque se confiesan ilusionados con el hecho de que una estrella de la F1 se haya decidido a no disputar una carrera tan mítica como el GP de Mónaco para hacer más famosa a una carrera que también ya lo es al otro lado del "charco". Los Busch, Montoya, Andretti, Rahal, Franchitti...todos se confiesan entusiasmados con la idea de ver a Fernando Alonso hacer un gran papel, incluso si es posible, ganando la carrera. Y lo desean porque saben lo que implicaría para la disciplina en términos de relevancia mundial, algo que le encanta a los americanos, por el show, por el businness, porque se mide en millones de dólares al final del día, lo cual no disgusta nadie. Pero no es sólo una cuestión monetaria, sino que para los pilotos de la Indy significa el hecho de ver como de repente tu disciplina se vuelve un referente mundial, en la que todos sus pilotos son respetados y admirados. Saben que la popularidad de Alonso, incluso sin ganar actualmente, es un valor intangible pero seguro para la F1. Y lo podría ser para la Indycar si triunfa en su aventura...

Entusiasmo. Esa es una palabra que siempre se busca en cualquier ser humano, porque mueve montañas, porque reta a lo imposible, porque es positiva de por sí. Correcto. Es entendible. Pero también lo es que si no se controla se puede volver en tu contra, porque su exceso te aleja de la realidad. Y eso es lo que está sucediendo con la manera de vender la incursión de Alonso en las 500 Millas de Indianapolis. Porque sí, efectivamente, está pasando un poco de todo esto. Cierto es que se debería agradecer tanto elogio, pero el exceso de presión por conseguir algo que no sólo será complicado, sino practicamente imposible, puede pagarse muy caro en un óvalo donde el riesgo de estrellarse a más de 350 km/h con una multitud de coches a escasos centímetros de ti puede llevarte al peor de los finales. No, no nos pondremos gafes. Alonso tendrá un gran equipo detrás, una de las referencias de la disciplina, y sus compañeros le ayudarán en la transición por la que tendrá que pasar, entrenando con el monoplaza, conociendo la forma de trabajar de su nuevo equipo...pero las posibilidades de que gane en su primer intento serán escasas.

No malinterpretéis estas líneas. Claro que nos gustaría verle beber de la botella de leche más famosa del planeta, sí, pero debemos admitir que va a tener a más de 30 pilotos deseando superarle en cada vuelta, porque cuando se bajen la visera, el espíritu de gladiador brotará en cada uno de ellos. El tráfico será terrible. sobrevivir a la carrera una heroicidad...pero ganarla, llevarse la victoria...un auténtico milagro. La testoterona brotará a raudales en Indianapolis y Alonso deberá luchar no sólo contra el resto de pilotos sino contra la que le brotará a él de manera desenfrenada cuando comience la carrera. Empezar a pensar en la dificultad de la tarea que tendrá que llevar a cabo nos devolverá a la realidad y evitará que tras encumbrarle por su atrevimiento, le arrojemos al abismo si no consigue algo que sería un auténtico milagro. Un circuito de dos curvas no es el mejor sitio para sacar diferencias. Los demás no son mancos. Alonso debe saberlo, los que le elogian ahora también. La diferencia entre el muro y la gloria eterna es finísima en este caso. Y si la experiencia se tiene que coger en unos simples test, la cosa se complica mucho más. Cuando antes lo entendamos, más disfrutaremos la carrera. Alonso ha demostrado ser valiente. Aplaudamos ya el atrevimiento, la victoria no estará sólo en sus manos. No lo olvidemos...
Texto de quemandorueda

Comentarios